Colegio Profesional de Asistentes Sociales de Santa Fe

Trabajo Social, Pandemia y Ruralidad

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Compartimos el artículo de la Lic. Fanny Pais, publicado en la revista Tracyectoria Colectiva de nuestro colegio.

Trabajo Social, Pandemia y Ruralidad 

“Si la estructura no permite un diálogo, la estructura debe ser cambiada”  P.Freire

Autor: Fanny Pais –  Licenciada en Trabajo Social

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Resumen         

¿Cómo interpelan al Trabajo Social las nuevas ruralidades?

   Desde la reflexión de P. Freire, “Si la estructura no permite un diálogo, la estructura debe ser cambiada”, pensamiento que hace tensión con la realidad que vivimos con esta crisis sanitaria mundial del Coronavirus COVID 19. Que provocó y seguirá provocando grandes transformaciones sociales, económicas, culturales, religiosas, políticas, laborales y subjetivas, en nuestras sociedades como en el plano mundial. Crisis que también impactó en mi subjetividad como ser humano y como Profesional, pero, sobre todo, generó el diálogo con las estructuras de la Profesión. Tensión que permite y obliga desde un posicionamiento ético-político, invitar al debate del Colectivo Profesional de Trabajo Social a preguntarnos y replantearnos ¿Por qué los Profesionales de Trabajo Social no componemos los Comités de Crisis?.

   Ya, en el siglo XVIII, con la crisis del capitalismo, con el primer impacto industrial, luego con la Revolución Francesa y en un tercer momento con el surgimiento de los Derechos Humanos, tiempos de pandemias de desempleos, migraciones y expulsados del nuevo sistema económico y social mundial; se fueron generando las razones que dieron origen a la Profesión y Disciplina de Trabajo Social. Recuperando las injerencias de la Profesión, dentro de las rupturas y continuidades, interrogándonos cuál es la función de Trabajo Social ante una pandemia virósica, desconocida y con diagnóstico de muerte. Como bien lo sostuvo Casado, Demetrio en “El bienestar social acorralado”, teorizando con otros tiempos cuando la globalización económica trajo consigo grandes cambios e impactos muy visibles en las relaciones sociales, el Trabajo Social tuvo que enfrentar grandes desafíos para continuar con su accionar. Hoy, nuevamente nos hemos globalizado epidemiológicamente con esta pandemia. Pero esta vez, es Trabajo Social, en sus diversos campos de intervención, quién al visibilizar las nuevas relaciones sociales, los nuevos actores sociales y tal vez una vieja cuestión social en tiempos modernos, pone voces en acción. Hoy, nuevamente, nos encontramos con un bienestar acorralado.

   Como trabajadores en lo social y en sus múltiples dimensiones, hemos ganamos y hemos perdimos espacios de Intervención Profesional. Hemos creamos e inventamos otros. Pero aún, en tanto y en cuanto continuemos fuera de ser considerada una Profesión con la capacidad y las Incumbencias de estar en la planificación y la toma de decisiones ante emergencias como la de hoy, la pandemia del Coronavirus COVID 19, nunca estaremos visibilizados con nuestras fortalezas, carencias, debilidades y riquezas para decisiones de fuertes impactos locales y mundiales. Con el debate por el lugar ganado y merecido como Trabajadores e Investigadores en las Ciencias Sociales con nuestras luchas de un mayor reconocimiento estatal y privado dentro de la Agenda Pública y de decisiones universales.

   Con intervenciones de un Trabajo Social Rural, reflexionando cómo nos afectaría esta transmisión importada del virus, debatiendo acciones urgentes con Funcionarios responsables de la comunidad. Buscando o inventando estrategias de cómo cuidar y cuidarnos ante los pronósticos de una transmisión social y local entre el campesinado, de viviendas separadas entre 6, 10, 20 km. entre sí. Interrogándonos cuáles eran las necesidades y los recursos propios de dicha población con la emergencia social que tenía al mundo en vilo. Y me preguntaba y repreguntaba, ¿Por qué Trabajo Social no es parte del Comité de Crisis en esta Pandemia?

 

Desarrollo

   Otra de las reflexiones de P. Freire nos dice: “No se puede concebir la objetividad sin subjetividad”, a pesar de intervenir como Trabajadora Social en un campo prácticamente desconocido como son los “Cuidados Paliativos”, donde las emociones siempre están como prioridad, o mejor dicho, a flor de piel; esta pandemia me llegó a generar pánico en un principio y la necesidad de acatar al cien por cien el “Quedateencasa”. Recibir la información que el campo de la Salud era responsable de lo emergente, tensión de todas las perspectivas manifestadas en Salud Social y Mental, impacto en un principio en las múltiples complejidades y realidades de los sujetos y de las distintas comunidades

   Las Medidas y/o Directivas desde los Estamentos Gubernamentales y Ministeriales para continuar trabajando en los distintos escenarios de inserción laboral del Trabajo Social, estaban decididas. Pero no los insumos de protección de bioseguridad. Los Equipos de Protección Protocolar llegaban solo para los Profesionales de la Salud. Simbolismo primario que ponía en tensión necesidades emocionales con necesidades materiales. Y cabe aclarar desde la perspectiva de la Salud Mental que una necesidad emocional surge de una necesidad material. Con una mirada colectiva con y desde mis pares; podía observar que, desde el eje de la Salud, el Trabajador Social debió reacomodar sus injerencias e intervenir en la urgencia a la par del Médico, la Enfermera y los Farmacéuticos. Sentí que solo el Profesional del campo de acción de la Salud comprendía a medias lo que sucedía. Y traté de pasar del pánico al cuidado y a la prevención. Debatiendo en mi interior las Incumbencias del Trabajo Social en estos momentos. Y me replanteé el deber deontológico y el deber teológico para continuar con mis intervenciones

    Desde otro campo de mi intervención, “Niñez, Adolescencias, Familia y Violencia de Género”, se agregaban nuevos actores en la escena de la pandemia, los habitantes de una comunidad rural. Debía reformular lo límites del campo de intervención, visibilizar la emergencia de muchos sujetos en zonas alejadas al casco céntrico. Recordando palabras sabias del gran Pedagogo Paulo Freire: “Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión… “. Y en el andar casi en soledad recorriendo los caminos por los campos como única Profesión, en cada casa que visitaba, en cada rostro que enfrentaba, en cada subjetividad; debatiendo resoluciones solo con las voces invisibles de los derechos de cada uno de los sujetos vulnerados, por esta desigualdad social y económica, el interrogante cada vez hacía más ruido en mis reflexiones.

   Desde un posicionamiento ético-político y desde conceptos que no son tan cotidianos a muchas de nuestras intervenciones, el debate, las decisiones, los recursos y las demandas giraban en torno a dar respuestas a la emergencia sanitaria y social que se expandía con la pandemia.

¿Qué es una emergencia?

    Una emergencia es una situación fuera de control que se presenta por el impacto de un desastre. La Protección Civil de Venezuela en el Artículo 4, lo define como: “Cualquier suceso capaz de afectar el funcionamiento cotidiano de una comunidad, pudiendo generar víctimas o daños materiales, afectando la estructura social y economía de la comunidad involucrada y que puede ser atendido eficazmente con los recursos propios de los organismos de atención primaria o de emergencia de la localidad”

¿Qué es una pandemia?

   “Una pandemia no es otra cosa que una epidemia a una escala mayor, mucho más extendida. Y una epidemia no es otra cosa que una enfermedad que alcanza un nivel de incidencia mayor que el normalmente esperado. Por lo tanto, una enfermedad que se extiende más de lo esperado y de una forma mucho más extensa de lo que se preveía, es considerada una pandemia. Y por desgracia, las pandemias suelen asociar una gran cantidad de muertes debido a la falta de preparación que el propio término sugiere”. (1)

¿Y Emergencia Sanitaria?

   “Se denomina sanitaria a situaciones de epidemias o pandemias. Las emergencias sanitarias comúnmente son originadas en los hogares de las personas. Bien sea por falta de aseo o naturalmente, de nuestros hogares se producen enfermedades de nivel de emergencia sanitaria tales como: Dengue, Escabiosis, entre otras. Las emergencias sanitarias también alcanzan a las plagas como son: las ratas, cucarachas, pulgas, piojos, moscas y zancudos; los cuales deben ser atendidos por el respectivo Ministerio de Salud o Departamento para la Salud de cada ciudad o comunidad”. (2) 

   En la historia de las últimas 10 pandemias mundiales, me detengo en 2: el Tifus y Peste Negra. Ambas tuvieron sus focos en la población rural, según el Artículo de A. Bell, A. Prescott y H. Lacey en “The Conversation” del 07/03/2020 relata que, durante la Peste Negra, a la población que más afectó la pandemia, fue a la rural inglesa. El campesinado debió emigra a zonas urbanas para buscar un bienestar económico por las múltiples necesidades que los castigaba, mientras el mercado de la tierra también los desplazaba. A lo que obligó a los propietarios de campos a ofrecer un mejor pago a quienes eligieron seguir trabajando las tierras. Con el tiempo, muchos de estos campesinos lograron invertir sus ganancias en parcelas de tierras y fue así como surgió una “nueva clase media”. También fue un número reducido de hombres rurales quienes se manifestaron contra el Estado ante el impuestazo en plena crisis social y económica.

   Esta movilización social no solo generó migración rural hacia la urbe, sino que contradictoriamente provocó una nueva clase social con ascenso económico. Distinto a la emergencia social con la pandemia del 2020, en donde los hogares de muchas familias rurales, peones o medieros, si bien, por lógica podrían estar más que protegidos al contagio, lejos de las urbes y de los conglomerados; sus patrones viven en las ciudades aledañas y varios habían vacacionado en otros países. Estos, podrían ser posibles portadores del virus y por esta simple razón, se debía generar concientización con ellos y llevar información para el cuidado general.

   Y aquí se genera la primera cuestión sobre el eje de este escrito. Trabajo Social tiene un compromiso ético-político de intervenir en todo rincón donde haya vida humana y posibles derechos vulnerados. Tiene campo de acción en la diversidad como en la pluralidad de situaciones a intervenir.  No solo estaba ejerciendo mis incumbencias como Trabajadora Social, sino que también estaba ejecutando deberes de la Medicina, sin ser asistente de ningún Profesional de la Salud. Llegaba como única Profesión a los hogares más alejados de los Entes de Salud haciendo prevención y provisión de elementos de higiene para el cuidado de la salud para prevenir el contagio del Coronavirus.

    Recuperando lo investigado por la Colega y Socióloga Aguilar, María José debíamos fortalecer al Gobierno Local, en este caso Comunal Rural. Y hacer visible lo invisible significaba que, conociendo la conformación y el desarrollo de la estructura social y global, se debía, rápidamente analizar e intervenir en un sector de la sociedad, en una subestructura rural que, aunque alejada era parte del mismo escenario pandémico: familias de tamberos, medieros, trabajadores golondrinas, cuidadores de casas, emergían con costumbres muy distintas al campesinado de aquellas dos pandemias anteriores o del saber cotidiano del habitante rural de unos años atrás.

   Como lo expresa Edgar Morín en “Introducción al pensamiento complejo”: “Vemos como la agitación, el encuentro al azar, son necesarios para la organización del universo”. Y aquellas primeras pandemias que afectaron mayoritariamente a los campesinos, pero contradictoriamente también emergió la posibilidad de surgir como una nueva clase social media, la pandemia del 2020, llegó para generar totalmente lo opuesto. Y esta nueva globalización, aunque sanitaria esta vez, llegaba para generar más distanciamientos sociales comunitarios y económicos.

   Trabajo Social necesita reorganizarse en el trabajo comunitario, ir al encuentro de la idea simbólica de lo que era la vida cotidiana del ruralismo con el agitamiento de las nuevas formas de su vida. Tener en cuenta que la ruralidad moderna es dinámica, que los nuevos actores del escenario rural de hoy, ya no son los descendientes de colonos. Son sujetos que han debido emigrar de zonas urbanas a rurales, habitar casas de campo abandonadas, o simplemente cedidas por sus dueños, quienes se han trasladado a vivir a la ciudad. Algunos nuevos inquilinos de estas casas rurales solo lo hacen para conservarlas de posibles hurtos, deterioros o usurpación, razón esta que, al ser habitadas sin costos, estos nuevos rurales no perciben cobros. Donde el tambo, en un gran porcentaje ha desaparecido, la siembra y la cosecha ya no necesita de mucha mano de hombres. El nuevo habitante de estas zonas es el desplazado de las urbes, el ciudadano que ya no pudo pagar más un alquiler, el desocupado, los que ya no tienen más espacio físico bajo un techo de familiares. ¿Podríamos hablar de una nueva clase social rural?. Este nuevo actor de la ruralidad, es el nuevo sujeto de nuestras intervenciones, de un Trabajo Social Rural que lo visibiliza más claramente con la pandemia.

   Y “hacer visible lo invisible” con esta emergencia social, significaba que, conociendo la conformación y el desarrollo de la estructura social y global, se debía, rápidamente analizar e intervenir en un sector de la sociedad, en una subestructura rural que, aunque alejada era parte del mismo escenario pandémico. Nuestros actores de la cotidianeidad son familias de tamberos, medieros, trabajadores golondrinas, cuidadores de casas, familias de adultos mayores, que, aunque fueron pioneros en estas tierras, en la mayoría de las viviendas de estos colonos, los jóvenes han emigrado a las ciudades. Y en estos contextos, Trabajo Social es uno de los actores principales con sus saberes cotidianos y académicos.  

   Y era Trabajo Social quién llegaba a estos actores para compartir las recomendaciones de prevención para que nadie se quede sin saber cómo cuidarse y cuidar a otros. Dialogar sobre los hábitos de higiene para evitar el contagio, cuál es el acceso al agua y qué calidad de agua obtenían. Transmitir conocimiento de cómo clorarla y purificarla. Controlar si padecían enfermedades reconocidas dentro de lo supuestos “antecedentes clínicos” propensos a favorecer al coronavirus. Enseñando a hacer pluralidad y practicando el ejercicio de ciudadanía, desde las constantes Medidas que día a día cambiaban desde el Gobierno, ANSES, Educación domiciliaria y virtual, espacios de atención a la salud, cuidados personales, bienestar económico y otras necesidades.

 

Conclusión.

   El cambio poblacional rural y su dinámica actual, también afectan a la dinámica de las distintas instituciones, negocios, servicios públicos y políticas públicas locales. Por lo que, los actores estatales o privados deben repensar en nuevas oportunidades o nuevas prácticas para esta nueva dinámica poblacional. Como bien lo ha escrito Clarisa Ramos Feijóo cuando citando a Alain Touraine dice que “lo que se llama globalización es en realidad un proceso de diferenciación de varias dimensiones de la vida colectiva” (1998:32).

   Si ya la globalización económica viene desde varias décadas ensanchando la brecha entre ricos y pobres, entre el centro y las orillas, entre los de adentro y los de afuera, esta globalización sanitaria aportó a visibilizar aún más lo implícito de las diferencias sociales y económicas de determinadas poblaciones como la rural moderna. Y es aquí también donde Trabajo Social Rural nuevamente debe emerger con nuevos desafíos.

   Recordando lo investigado por el Colega Acardio Ruiz sobre los orígenes del Trabajo Social Santafesino en el campo de la ruralidad, donde recabando la información de “ser una provincia eminentemente agrícola ganadera, no podía desestimarse el elemento humano que forma la riqueza del suelo argentino”, dando la iniciación al Trabajo Social Rural. Hoy, debemos pensar, repensar y deconstruir este orden impuesto y que esta pandemia vino a desordenar, o tal vez a visibilizar.

   Espacio a recuperar o a fortalecer con nuestras intervenciones, espacio donde la pandemia del Coronavirus COVID 19 permitió reeplantear la mirada sobre estos nuevos actores rurales con realidades y comunidades complejas y debatir nuestro lugar en Comités de Crisis y de grandes decisiones en lo social, salud, político y económico. Y desde este paradigma de la complejidad y desde un Trabajo Social complejo, Morín nos sigue invitando a vivir, morir y rejuvenecernos sin cesar como Profesión y Disciplina.

Bibliografía consultada

1.Artículo de discusión- https://es.wikipedia.org/wiki/Emergencia_(desastre)

2-Artículo de discusión- https://es.wikipedia.org/wiki/Emergencia_(desastre)

Campillo, Santiago. (09/10/2014). Las 10 pandemias más letales de la humanidad. https://hipertextual.com/2014/10/pandemias

Casado, Demetrio y Gutiérrez Pérez, Francisco . (01/01/1986). El bienestar social acorralado. Ed. Humanitas. Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Aguilar, María José. (Agosto de 1987). Ed. Humanitas. Capital Federal

Morín, Edgar. (1998). Introducción al pensamiento complejo. Ed. Gedisa

Ramos Feijóo, Clarisa. Enfoque comunitario, modernidad y posmodernidad. El Trabajo Social con la comunidad en tiempos de la globalización. es.SlideShare.net

Acardio Ruiz, Franco. (1952). Servicio Social en Santa Fe, República Argentina.  Guatemala.

 

 

 

 

 

 

 

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