Colegio Profesional de Asistentes Sociales de Santa Fe

Sobre justicia, prácticas profesionales y estrategias de poder

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Nora Das Biaggio.
Docente e investigadora en la Facultad de Trabajo Social – UNER.


Es por todos conocida la invasión en lo público del caso Della Bella, quien acosada por las circunstancias no tuvo otra opción que recurrir a los medios, estrategia frecuente desde distintos sectores, sólo que en este caso se desnudan irregularidades, complicidades, corporaciones poderosas y misoginia, que dejan entrever la ideología con que se manejan ciertos sectores.
Lo primero a señalar es que la madre acudió a un organismo público, contrariando lo que suelen hacer los sectores de poder, manejarse con profesionales privados y tratando de encubrir, tapar, conservar en secreto las diferencias familiares. Otro dato contundente es que la madre no responde desde los estereotipos de géneros esperables. Según desliza la profesional pediatra, la madre insta en la consulta a que se interrogue al niño. Ya sabemos que los estereotipos de género la ubican a la madre como cómplice y entregadora en los casos de abusos sexuales en la infancia. Situación que esta madre tiende a confrontar con acciones que hablan de un grado de empoderamiento aceptable.
En todas las declaraciones públicas de los organismos vinculados a la justicia, aparece una sorprendente tendencia corporativa a la defensa tenaz de sus miembros, volviendo a ponderar la intervención de los profesionales como objetiva, neutra, más aún se habla de informes de peritos confrontando posiciones, mientras que se desliza que el interés supremo del niño es una declamación de principios pero ajena a la imprescindible urgencia que requiere el caso.

Si esta situación comenzó por una “sospecha de abuso sexual infantil” en el año 2008, y correspondiéndose por lo tanto con cierto protocolo profesional en situaciones de similares características intervino la justicia, no escapa la necesaria investigación penal, recayendo en la figura del padre incestuador la amenaza, que lo hace pasible de inculpación de un delito por el cual, según la información periodística, fue rápidamente sustanciado el trámite judicial y sobreseído.
Otro aspecto sustancial del que nadie habla, sólo se deslizan críticas al rol materno por sobrexposición, es el presunto delito cometido por el padre, sopesándose de más valor inculpar a la madre mientras no se culpa al agresor. De la fundamentación científica de quienes argumentan el SAP (Síndrome de Alienación Parental) como causa, es destacable que no ha sido acordado científicamente como válido para diagnosticar, al punto que no está incluido en el DMS 4, manual que rige las convenciones internacionales sobre patologías.
También es cierto que frente a la sospecha de abuso sexual el positivismo reinante en la epistemología de los profesionales los lleva a ponderar la evidencia biologicista del “ano deflorado” o con hematomas como predilecta demarcación de territorios que hacen hablar a los cuerpos, mientras se descree de la palabra de los niños, que hablan como pueden, dejando huellas objetivas y subjetivas que hacen preciso rastrear los acontecimientos con algo más de complejidad con la que se interviene.
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